lunes, 11 de enero de 2016

Reseña: "Esclavo de tus deseos" de Lola P. Nieva



Catalina Rivero odia la magia desde que esta provocó la muerte de su madre cuando ella no era más que una niña. Su vida transcurre con absoluta normalidad, hasta que un ser oscuro se le aparece y le reclama una llave. Acorralada y asus­tada, libera al Djinn mágico encerrado en el brazalete de su abuela para que la ayude. 
Abdel Wahêd, el genio, es seductor, atractivo, pendenciero y muy tenaz. Cuando la mujer lo libera, este cree que se trata de un vasallaje más, en el que se limitará a conceder los tres deseos per­tinentes durante tres días. Sin embargo, pronto descubrirá que su misión va a ir más allá de agasajar a una humana, pues tanto el destino de su raza como el de la humanidad dependerán de ambos. Envueltos en una aventura trepidante, deberán luchar no solo contra las pro¬fecías y el destino, sino también contra una pasión que los esclaviza y los libera al mismo tiempo, despertando en sus corazones una llama condenada a morir.
Esta va a ser la primera reseña de 2016, y siento que vaya a ser con tanta falta de entusiasmo. Y es que, la historia no me ha atrapado nada.

No me gusta ser tan dura, pero veo a esta novela más cosas malas que buenas.

Buscando por internet literatura que pudiera gustarme, descubrí este libro. La sinopsis me atrapó bastante, pensé que era una historia muy diferente a lo que había leído anteriormente, aunque se basara en una historia erótica-romántica. Y lo cierto, es que es diferente a todo lo que he leído. Pero ese punto no es suficiente.

Catalina trabaja en un hotel, como recepcionista. Lo primero que me echó para atrás, fue la manera de narrar. Párrafos muy largos, muy elaborados, sí, pero a veces demasiado peloteros, llenos de palabras enrevesadas, descripciones que, sinceramente, se me hacían interminables, y diálogos que rozaban lo absurdo. Sin ir más lejos, la primera conversación entre Catalina y Tessa, su amiga y compañera de trabajo, con frases en las que la escritora quiere hacernos ver que hay buen rollo entre ambas, pero que acaba siendo hasta ridículo. El tema de que el jefe de Cata esté súper-hiper-mega colado de ella no me preguntéis por qué, pero no me ha gustado nada. La sensación de malestar por pensar que la protagonista está poniéndole los cuernos al novio (ODIO las infidelidades), leía sin tener ganas de que el genio y ella terminasen juntos hasta casi el final, cuando repunta un poco la historia. Un poco sólo.

Y los “jajajajajaja” en cada momento, remarcando risas de los personajes. En serio, ¿por qué?

Bueno, el caso es que Cata invoca al perfectísimo gjinn del aire Abdel (o Yinn, como se le llama todo el rato), el cual tiene un parecido fuerte con Jason Momoa (sí, ella misma nos recuerda varias veces que es idéntico a él) para que la ayude con un ser extraño que le pide una llave. Catalina está en peligro y él decide ayudarla, primero porque ella es su ama y debe cumplir lo que ella pida, y segundo porque (obviamente) se siente súper-hiper-mega atraído por ella (sí, él también).

En fin, que esto es algo que suele ocurrir en este tipo de historias, y normalmente lanzo un “cómo no” mientras leo y sonrío, deseosa de saber qué pasará entre ambos protagonistas, pero con Yinn y Cata... definitivamente, me daba igual. Como ya os he dicho, la sensación de que ella estaba siendo infiel (Catalina tiene novio desde hace años al comienzo de la historia), mezclado con el hecho de que el tal Jason Momoa no me parece atractivo... Comprenderéis que no calara en mí este libro.

Jason Momoa, el de verdad


Lo positivo es que la idea en sí es atractiva. El viaje que deben hacer a Jerusalén es de lo más interesante que ocurre, aunque en el trascurso se pase más tiempo relatándonos lo perfecto que es Yinn, lo mucho que desea a Cata y lo mucho que Cata desea a Yinn.

Sinceramente, pienso que la historia podría haber sido más entretenida, menos larga (algunos capítulos, pese a que son cortísimos, se me han hecho ETERNOS), con diálogos más interesantes y menos “te voy a pegar la charla de historia”. Y, por supuesto, hubiera suprimido los “jajajajaja”. T-O-D-O-S.

Lo he terminado porque me negaba a dejarlo a medias, pero me ha faltado poco.

Quizá vosotros lo apreciéis más que yo. O quizá no.

Al final ha resultado ser todo lo contrario a lo que esperaba.

Ailina Shebelle ♥

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